miércoles, 12 de diciembre de 2012

Pequeños telares mejicanos


Conocí los telares de cintura en Oaxaca, hace ya muchos años. Lo utilizaba una chica sentada en el suelo, con las piernas dobladas y sujetando el telar en una columna. Tenía la misma postura que las sirenas, y de esa herramienta tan sutil surgían unos pequeños tapices de dibujos geométricos. Supongo que era una escena humilde, aunque me pareció preciosa.




Oaxaca es una ciudad maravillosa y muy cuidada. Ese marco fabuloso, tal vez, contribuyó a que yo idealizara la situación. 
La información más detallada que he encontrado sobre los telares de cintura proviene de Perú, donde existen desde hace 3.200 años (Curayacu). Allí siguen utilizándolos en la confección de tejidos tradicionales, al igual que en Méjico.




El telar de cintura lleva dos tiras paralelas, llamadas “enjulios”, el superior se fija a un poste o árbol y el inferior se sujeta a la cintura de la tejedora, mediante una correa. La tejedora utiliza unas varas (“palitos) que hacen las veces de una prolongación de sus brazos y, de este modo, teje con mayor facilidad. En Perú se llama alzador al elemento que divide y levanta los hilos pares e impares, facilitando el paso del tramero. El tramero, madeja de hilo u ovillo origina la trama.
Para ajustar se utiliza la “espada”, una pieza de madera en forma de espada que comprime y ajusta las tramas.




En mi primer viaje a Mejico  compramos telas de colores muy vivos en los mercados de Oaxaca y  San Cristóbal. Algunas de ellas eran de un rosa casi fosforescente, tal vez  excesivo, aunque el resultado era muy interesante. Me gustó esa falta de miedo a la hora de elegir y combinar los colores, y la mezcla de tejido con bordado.




Las telas de algodón mejicano duran eternidades y no el pierden color.  De vuelta en casa, no las utilizaría para decorar, pero sí son un mantel o falda de mesa camilla completamente únicos.






Por último, contaros que en Oaxaca he comido en uno de los mejores restaurantes de mi vida. Ya sé que el asunto no tiene nada que ver con la temática de este blog, pero la recuerdo como una de esas ocasiones redondas. He olvidado el nombre del lugar, creo que estaba en el edificio que aparece en la siguiente foto. La cocina tradicional mejicana era absolutamente exquisita; las mesas estaban puestas con perfección, en un precioso patio interior y los camareros eran atentos y relajados.



Méjico es un gran país y he sido muy feliz viviendo allí, pero esa sí es otra historia.


Fotos:
Mònica Osàcar Andreu
Fuentes:



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