miércoles, 23 de noviembre de 2016

Exquisitas telas y bordados de la dinastía Ming

CaixaForum Palma expone hermosos objetos cotidianos y obras de arte destinados únicamente a los emperadores  Ming y su entorno, moradores de la Ciudad Prohibida. Son porcelanas, pinturas, telas y joyas de gusto exquisito y calidad excepcional, muy por encima de los productos que se enviaban a occidente. Debían pensar que no había que “dar margaritas a los cerdos”. También se producían piezas de menor calidad destinadas a las nuevas clases acomodadas, que surgieron a partir de la comercialización con Europa. 

Wuyi (Nanjing) al anochecer. Bordado de la familia Gu (finales XVI - principios XVII). Nanjing Museum









Un  ejemplo de ello son los primorosos bordados de puntada imperceptible (apenas alcancé a distinguirlas con las gafas puestas), que reproducían pinturas de maestros de las antiguas dinastías. Estos bordados estaban confeccionados por las mujeres de Gu. Eran productos pensados para los comerciantes, enriquecidos con las transacciones a Europa, ansiosos por disfrutar de las mismas bellezas que los funcionarios del Emperador. Pero se consideraba que, dado su nivel cultural, podían soportar piezas de menor calidad. Muchos de estos horribles elementos de nuevo rico me parecieron preciosos, pero brillaban ligeramente (con el perfecto brillo de la seda), lo que no les sucede a las pinturas que realizaban los altos funcionarios como hobby. Ya sabemos que el brillo siempre es un síntoma de que uno está resbalando hacia el mal gusto. Es especialmente hermoso, por la composición despejada y los tonos marrones, el bordado/cuadro “Caballos en pleno baño a la sombra de los sauces”. Son ocho caballos y representan uno de los mitos que rodeaban al rey Mu de la Dinastía Zhou (1.050-256 a.C.), quien quiso ser inmortal llegando al paraíso en un carro tirado por ocho caballos.

Brocado. Periodo Ming. Museo de Nanjing



























La    seda constituía el soporte de las pinturas. Sus autores no eran artistas, según el concepto occidental, sino funcionarios que ejercían este arte como pasatiempo intelectual. Las obras se guardaban enrolladas y eran mostradas a los invitados para amenizar  tertulias, pero nunca en presencia de niños, comerciantes, mujeres y otros seres no capacitados para apreciarlas. Sin embargo, una de estas pinturas muestra a una dama leyendo en el jardín. Las mujeres de la alta sociedad y las concubinas del Emperador tenían un papel completamente inferior y solo debían dedicarse al ocio, la cultura y los niños. Creo que podría acostumbrarme a ese espantoso ritmo de vida.
Por otra parte, los brocados en seda destinados a la confección de prendas se tejían con una densidad de urdimbre excepcional, lo que daba como resultado una tela extremadamente suntuosa y permitía realizar intrincados diseños de brillo particular. En la exposición podemos ver una seda en tono dorado, color que solo podría usar el emperador, con un sutil dibujo de las nubes esquemáticas características del diseño chino. 

Lan Ying. Abanico con representación de orquídeas en flor entre rocas. Finales periodo Ming. Nanjing Museum

 La dinastía Ming, con sus dieciséis emperadores, dominó China entre los siglos XIII  y XVI, aportando un gran desarrollo, como ejemplifica el hecho de que la población aumentara de 65 a 175 millones de habitantes. Las artes vivieron un momento de esplendor. Todas las piezas de esta exposición provienen del Museo de Nankín y nunca se habían expuesto en España. Es interesante ver la preocupación y el gusto por los objetos refinados y elegantes, jamás estridentes. 
“Ming. El imperio dorado” en Caixa Forum Palma hasta el 19 de febrero de 2.017.


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